LA
SINAGOGA DEL AGUA
Explorando la provincia de Jaén, hemos encontrado datos de mayor interés en Úbeda que en La Guardia. Por ello, decidimos modificar el rumbo de nuestra investigación.
Nos adentramos en Úbeda, topándonos con la maravillosa Sinagoga del Agua. Cabe mencionar que fue descubierta de forma casual tras la demolición de unas viviendas en ruinas.
Nos adentramos en Úbeda, topándonos con la maravillosa Sinagoga del Agua. Cabe mencionar que fue descubierta de forma casual tras la demolición de unas viviendas en ruinas.
Ubicada en pleno casco antiguo, esta sinagoga está
compuesta por seis salas y siete pozos conectados entre sí.
Uno de los hallazgos principales es un mikveh (espacio dedicado a los baños rituales de purificación), hallado
en la parte inferior de la sinagoga. A nivel europeo, se ha sumado a los cinco
que ya existían en todo el continente. Los demás se encuentran en Girona, Alemania y Francia.
Asimismo, se exhiben pinturas,
cerámicas, documentos y elementos arquitectónicos y decorativos del edificio.
La Sinagoga del Agua se compone de
varios elementos:
- Patio: pequeño espacio por el que se accede a la Sinagoga. Pueden observarse dos columnas originales con el característico capitel de hoja de palmera que simboliza la menorah judía. La menorah es un candelabro o lámpara de aceite de siete brazos, uno de los elementos rituales más importantes del judaísmo y, asimismo, uno de sus símbolos más antiguos, remontándose su uso al pueblo hebreo desde la Edad Antigua.
- La sala principal: conocida como “la casa del Inquisidor”, fue habitada por el jefe de la Inquisición
tras la expulsión de los judíos de Úbeda, una vez dictado el edicto por los
Reyes Católicos. Está dividida en tres naves separadas
por arcos apuntados y decoradas con objetos de época
como bargueños, cuadros y otros enseres. Destaca, en especial, un brocal con una Mano de Fátima. La sala se encuentra por debajo del nivel de la calle. Los
arcos que la conforman estaban integrados y ocultos en los muros de la antigua
vivienda a la que pertenecían.
- Galería de las mujeres: se encuentra a un nivel más alto que la sala principal. Era el espacio reservado para que las mujeres y niños pequeños pudieran asistir a las ceremonias religiosas, separados de los hombres.
- Bodega: situada bajo una bóveda de cañón rebajada. Contiene grandes tinajas semienterradas que, al parecer, se empleaban para almacenar aceite y otros alimentos. Es decir, funcionaban como pequeñas despensas.
- Mikveh: es el lugar destinado a baños rituales de purificación. Según la religión judía, el recinto debía ser lo suficientemente grande para que pudiera sumergirse totalmente una persona. Además, el agua no podía permanecer estancada.
En
este vídeo se puede ver algo muy interesante que demuestra que su diseño y
construcción no son casuales. El
día del solsticio de verano, los rayos de sol entran y, lentamente,
iluminan la estancia donde está la “piscina” de la sinagoga. Es un efecto muy
curioso y lleno de emoción.
https://www.youtube.com/watch?v=oDaemTo44DM#action=share
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EXILIO JUDÍO
Sin duda, la época de Al-Andalus fue la más esplendorosa para la cultura
hispano-hebrea. Se sabe que en el siglo IX, Jaén contaba con una sinagoga y
junto a ella una yesibah o centro
donde se impartían estudios sobre la Torah y el Talmud.
Hacia el año 910-915, nació en Jaén, Hasday Ben Saprut, futura mano derecha
de los califas Abderramán III y Al-Hakem II. Él introdujo en Al-Andalus las
escuelas judías de Siria y Babilonia y mantuvo una estrecha relación con el
reino judío de los Kázaros. Como médico, redescubrió la fórmula para la
elaboración de la triaca, un antídoto para el veneno, y consiguió curar al rey
Sancho el Craso de Navarra de su obesidad. Tradujo del latín al árabe el
importante tratado de plantas medicinales de Dioscórides. Creó una magnífica
biblioteca y se convirtió en mecenas de poetas y filósofos. Hasday Ben Saprut
llevó a su más alta cima la cultura hispano-hebrea.
En el siglo XI, tras la disgregación del Califato de Córdoba y la siguiente
división de Al-Andalus en Reinos de Taifas, Jaén pasó a formar parte del reino
ziri de Granada. De esta época se conoce que, en el año 1066, el gobernador de
Jaén, Musakhan, protagonizó una revuelta en la cual arrebató a los judíos de la
ciudad sus riquezas, aunque éstos consiguieron luego recuperar su prosperidad.
Las comunidades judías de Al-Andalus recibieron un fuerte golpe con la
llegada de almorávides y almohades que les obligaron a exiliarse a los reinos
cristianos del norte de España. Así ocurriría también con la judería de
Jaén, que volvió a restablecerse, ya en época cristiana, tras la conquista de
la ciudad por el rey Fernando III en 1246.
Se conservan documentos que demuestran que, a finales del siglo XIII, la
nueva judería de Jaén pagaba 25000 maravedíes en concepto de diezmos a la
Iglesia. Esta cantidad era muy cercana a la que pagaba la importante judería de
Córdoba, lo que pone de manifiesto, a su vez, la importancia de la de Jaén.
Hasta mediados del siglo XIV, los judíos jienenses vivieron una nueva etapa
floreciente en sus trabajos de artesanos, mercaderes, médicos, cambistas y
recaudadores de las rentas reales. A este último oficio se dedicaron, por
ejemplo, Abraham Secuto, Yuçaf de Castro, Abraham ibn Aladep, Çaq de Castro y
Samuel ibn Aladep.
Pero, en la segunda mitad del siglo XIV, comenzaría una carrera imparable de
persecuciones contra los judíos hasta su definitiva expulsión promovida por los
Reyes Católicos. En este siglo, se desarrollaría la Guerra Civil por la
sucesión al trono entre Enrique II (de sentimientos antisemitas, al que la
ciudad de Jaén era fiel) y su hermano Pedro I (protector de los judíos). Así,
en 1368, las tropas nazaríes de Granada, que apoyaban la causa de Pedro I,
entraron en la ciudad de Jaén y, por orden de este rey, aunque mataron a
los judíos de la ciudad, sí se llevaron prisioneros a Granada “hasta 300
padres de familia”, según escribió un judío contemporáneo al asalto llamado
Samuel Zarza en su libro Fuente de Vida.
Hoy se suele interpretar esta cantidad más bien como “300 familias”, que
vendrían a equivaler a unas 1500 personas, número ciertamente elevado en
comparación con otras juderías españolas, lo que colocaría a Jaén dentro de las
más importantes en la España bajomedieval.
En 1473, el Condestable Miguel Lucas de Iranzo, que gobernaba la ciudad de
Jaén y que era protector de la población local judeo-conversa, fue asesinado
mientras rezaba en la Catedral. A continuación, el pueblo se lanzó contra los
conversos, convencido de que seguían siendo judíos.
En 1483, los Reyes Católicos establecieron en Jaén el tercer Tribunal de la
Inquisición, tras los de Sevilla y Córdoba. Este dato demuestra el alto número
de conversos que debió de haber en Jaén en ese momento, por encima de muchas
otras ciudades.
Finalmente, el Edicto de Expulsión firmado por los Reyes Católicos, en 1492,
supuso el gran destierro de los sefardíes, que se establecieron en Marruecos,
Portugal, Italia, Grecia, Turquía o los Balcanes.










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